
Hubo
en otro tiempo en el país de Zumán, en Persia, un rey cuyos
súbditos eran originariamente griegos. Padecía el tal monarca
de una lepra tan fuerte que ningún médico podía sanarlo,
y aunque había tomado toda clase de medicinas, ninguna le había
hecho efecto.
Un día llegó a aquella ciudad un médico griego, llamado
Ruyán, que había leído libros griegos, persas, turcos,
árabes, latinos, sirios y hebreos y estudiado toda clase de ciencias
existentes en estos idiomas.[... ] Se presentó al monarca y le dijo:
- ¡Oh rey! He oído hablar de la lepra que cubre tu cuerpo y que
ningún médico sabe curarte; yo te curaré sin darte a
beber ninguna medicina y sin frotarte con ungüento.
- El monarca, al oír esto, dijo a Ruyán:
- Si tal consigues, te haré rico a ti y a tus descendientes, te colmaré
de bienes y vivirás en mi palacio y comerás en mi mesa.